Fundació d'Esperanto de la Comunitat ValencianaPromoció de l'esperanto al País Valencià

Historia

La Fundación de Esperanto de la Comunidad Valenciana se constituyó en Valencia el 18 de abril de 1988, mediante la escritura pública número 612 otorgada ante el notario Vicente Martorell Eixarch, con el nombre original de «Esperanto Fundación Fernando Soler».

Quedó inscrita como fundación cultural privada de promoción en el Registro de Fundaciones de la Comunitat Valenciana el 21 de junio de 1988, por resolución de la Secretaría General de la Consejería de Cultura, Educación y Ciencia de la Generalitat Valenciana, publicada en el DOGV núm. 934, de 13 de julio de 1988, y en el BOE núm. 177, de 25 de julio de 1988. Es la misma entidad, con la misma personalidad jurídica desde su origen, que hacia 2004 cambió su denominación a la actual, coincidiendo con su inscripción registral vigente, de 9 de enero de 2004.

El cambio de nombre acompañó a un cambio de orientación: frente a la idea inicial de dedicar los recursos de la fundación a premiar a esperantistas de todo el mundo, la fundación concentró su actividad en la Comunitat Valenciana, donde podía ser más eficaz y encontrar apoyo institucional. El nuevo nombre, además, identifica a la entidad sin necesidad de saber quién fue Fernando Soler Valls.

En esta página: Fernando Soler Valls · José Fernando Soler Sempere · La fundación de 1988 · Una fundación nacida entre recelos · Juan Bautista Fontecha Soto · Intentos de acercamiento y de renovación · El patronato de 2010 y el largo silencio

  • 1873 Nace en Albaida Fernando Soler Valls.
  • 1903 Fernando Soler Valls cofunda el Grupo Esperanto de Valencia.
  • 1908 Soler Valls publica en Enguera Esperanto al alcance de todos, su gramática más difundida, reeditada durante más de medio siglo.
  • 1956 Muere en Valencia Fernando Soler Valls, a los 83 años.
  • 1988 Constitución de la Fundación «Esperanto-Fundación Fernando Soler»: primer patronato con José Fernando Soler Sempere (presidente), Juan Bautista Fontecha Soto (secretario) y Rafael Herrero García (tesorero), según el BOE.
  • 1990 El Grupo Esperanto de Valencia elige nueva junta: José Pérez Sempere sustituye a Fontecha en la presidencia, según el boletín Valencia Luno nº 26.
  • 1991 Muere José Fernando Soler Sempere, fundador y primer presidente del patronato; le sucede Juan Bautista Fontecha Soto, que había presidido el Grupo Esperanto de Valencia hasta 1990, con Alberto Bermell Benet como secretario.
  • 1993 Valencia acoge el 78º Congreso Universal de Esperanto.
  • 2003 José Martínez Hernández había sustituido, en fecha indeterminada, a Rafael Herrero García como tesorero: Fontecha, Bermell y Martínez Hernández firman la escritura de cambio de denominación.
  • 2004 Cambio de denominación a Fundación de Esperanto de la Comunidad Valenciana: la actividad se reorienta al ámbito valenciano.
  • 2010 Nuevo patronato: Juan Bautista Fontecha Soto (presidente), Tania García Fontecha (secretaria) y Francisco García Cerrolaza (tesorero).
  • 2017 Muere Juan Bautista Fontecha Soto, presidente del patronato, a los 56 años.
  • 2020 A partir de este año, el abogado Ramón Diago Marco, Raúl Salinas Monteagudo y otros miembros del Grupo Esperanto de Valencia inician las gestiones para recuperar la actividad de la fundación.
  • 2023 La Generalitat abre un período de información previa sobre la regularización registral o la extinción de la fundación, publicado en el DOGV núm. 9585, de 28 de abril.
  • 2026 Renovación del patronato y reactivación de la actividad.

Fernando Soler Valls (1873–1956)

El nombre original de la Fundación homenajeaba a Fernando Soler Valls, nacido en Albaida (Valencia) el 15 de marzo de 1873 y fallecido en Valencia el 24 de marzo de 1956. Telegrafista de profesión, fue jefe de Telégrafos en Valencia, fundador y presidente de la Biblioteca de Funcionarios de Telégrafos y, a finales de 1928, la Dirección General de Comunicaciones lo destinó como jefe de Telégrafos a Cáceres, donde permaneció hasta 1931.

Fue uno de los grandes pioneros del esperanto en España: en 1903 cofundó el Grupo Esperanto de Valencia junto a Roman Ayza y Rafael Duyós Sedó, dirigió numerosos cursos —algunos organizados en Valencia por la Sociedad Vegetariana— y colaboró en la revista La Suno Hispana. Publicó varias gramáticas, algunas dirigidas a niños, entre ellas Elementos de Esperanto y El idioma internacional auxiliar Esperanto. La más difundida fue Esperanto al alcance de todos, publicada por primera vez en Enguera en 1908 y reeditada durante más de medio siglo; la segunda edición (1910), premiada con medalla de plata en la Exposición Regional de Valencia de 1909, está digitalizada en Internet Archive, y la duodécima (1976), póstuma, puede descargarse en esta web. Durante sus años en Cáceres firmó en el diario Nuevo Día la sección «Horizontes nuevos. El idioma internacional» y participó en el VIII Congreso de Esperanto (Oviedo, 1929); en 1931 fue destinado a la oficina de telégrafos de Barcelona (fuente: «Extremadura, tierra de esperanto (1924-1936)»).

También fue esperantista su hija Conchita Soler Sempere: su padre le dedicó, «en premio a sus virtudes», la sexta edición y las sucesivas de su gramática (Valencia, marzo de 1955), y en 1966 asistió al 27º Congreso Español de Esperanto (Bilbao) junto a un «José Soler Sempere», con toda probabilidad su hermano José Fernando. Murió pocos meses después, el 20 de noviembre de 1966, como recuerda, junto a su fotografía, la duodécima edición del libro. La ĝermolisto de la Wikipedia en esperanto atribuye a Soler Valls, sin citar fuentes, otros dos hijos esperantistas: un José Sempere fallecido en 1952 y un Fernando Soler Sempere fallecido en 1966.

Valencia fue uno de los focos históricos del esperantismo español, con raíces anteriores incluso a Soler y con figuras como Vicente Inglada, Manuel Caplliure Ballester —que en 1918 inició los cursos de esperanto en el Instituto de Idiomas de la Universidad de Valencia— o Vicente Olcina. Esos orígenes, la visita de Zamenhof en 1909 y la persecución que sufrieron los esperantistas valencianos durante la Guerra Civil puedes leerlos en «Cuando Zamenhof visitó Valencia».

José Fernando Soler Sempere (1913–1991)

José Fernando Soler Sempere en 1988
José Fernando Soler Sempere en 1988

José Fernando Soler Sempere (Valencia, 1913–1991), hijo de Fernando Soler Valls, fue arquitecto técnico de profesión (Medalla de Oro del Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos en 1985) y continuador de los cursos de esperanto de su padre; murió sin hijos.

Soler Valls había dedicado a su hijo la publicación de una de sus gramáticas, con el deseo de que fuera siempre «un entusiasta esperantista»; padre e hijo están enterrados juntos en el cementerio de Valencia. José Fernando cumplió el encargo: cuando en 1988 puso su propio patrimonio en la fundación, no la creó a su nombre, sino al de su padre, Fernando Soler Valls. El parecido de ambos nombres ha hecho que a menudo se confundan, y puede dar la impresión de que la Fundación llevaba el nombre de su propio fundador.

La conocida esperantista Ana Montesinos recuerda que, en los encuentros esperantistas, José Fernando Soler solía vestir completamente de verde, como muestra de su intensa identificación con el esperanto.

Ramón Diago Marco, hoy presidente de la Fundación, recuerda que José Fernando lo saludaba invariablemente con el mismo juego de palabras: «Donde digo "digo", digo Diago», una vuelta cariñosa al dicho «donde dije digo, digo Diego».

Según los testimonios orales de la época, Fontecha también ayudó y cuidó a José Fernando Soler Sempere durante sus últimos años.

La fundación de 1988

En 1988, José Fernando Soler Sempere constituyó la Fundación «Esperanto-Fundación Fernando Soler», con Juan Bautista Fontecha Soto y Rafael Herrero García como miembros del primer patronato. El patrimonio inicial, de 1.500.000 pesetas, fue aportado íntegramente por Soler Sempere, que presidió la Fundación hasta su muerte en 1991. Su objeto estatutario es «el fomento, promoción, expansión y divulgación del modo más amplio de la lengua internacional auxiliar esperanto».

El tesorero, Rafael Herrero García, era hijo del doctor Rafael Herrero Arroyo, médico y presidente de honor de la Hispana Esperanto-Federacio, a quien Fontecha recordaba en 1993, entre los esperantistas valencianos fallecidos, en el saludo del libro del 78º Congreso Universal de Esperanto. En el boletín del 19º Congreso Español de Esperanto (Castellón, 1958) la familia aparece inscrita al completo: el doctor Herrero Arroyo, su esposa Pilar García Villagrasa y sus hijos Rafael y Enrique Herrero García. Fue el doctor Herrero quien transmitió por radio la necrología de Fernando Soler Valls a la muerte de este en 1956.

La nueva fundación se anunció durante el 48º Congreso Español de Esperanto (Valencia, 1988) y comenzó sus actividades en febrero de 1989, con clases de esperanto en su sede de la calle Duque de Calabria, según recogía el boletín Valencia Luno nº 21. La sede no acogió solo clases de esperanto: según recuerda un participante directo, allí se organizaron también otras iniciativas culturales y formativas, entre ellas actividades de educación de la voz.

Según los testimonios de la época, el fundador quería destinar los recursos de la fundación a premiar a esperantistas de todo el mundo; pensaba sobre todo en quienes habían dedicado años a la lengua sin recibir nada a cambio. Ese mismo boletín recoge la intención: anunciaba la convocatoria de un premio en memoria de Fernando Soler Valls, dirigido a quien —esperantista o no— contribuyera de manera extraordinaria al desarrollo del movimiento esperantista.

El cartel de la fundación en su sede de Duque de Calabria, con el nombre original «Esperanto Fundación Fernando Soler»
El cartel de la fundación en su sede de Duque de Calabria, con el nombre original «Esperanto Fundación Fernando Soler»

Acto en el Salón de Correos de Valencia: de izquierda a derecha, Juan Fontecha, Enrique Navarro (de Correos), José Añó, un operario de Correos, Bermell y José Fernando Soler Sempere
Acto en el Salón de Correos de Valencia: de izquierda a derecha, Juan Fontecha, Enrique Navarro (de Correos), José Añó, un operario de Correos, Bermell y José Fernando Soler Sempere

Aquel mismo verano, el diario Levante dedicó un reportaje al resurgir del esperanto en la ciudad: puedes leerlo en «Cuando el esperanto era el tercer idioma de Valencia» (fuentes en enlaces).

Una fundación nacida entre recelos

La creación de la Fundación Fernando Soler, en 1988, no fue recibida de manera unánime dentro del esperantismo valenciano. José Fernando Soler Sempere había propuesto la idea a varias personas, pero encontró poco apoyo inicial hasta que Juan Bautista Fontecha decidió ayudarle a convertir el proyecto en una entidad legalmente constituida.

Según los testimonios orales de personas que vivieron aquella etapa, algunos miembros del Grupo Esperanto de Valencia interpretaron el nacimiento de la Fundación como una separación o como la posible creación de una organización paralela. No se produjo una ruptura formal, y varias personas siguieron vinculadas simultáneamente a ambas entidades, pero durante años persistieron recelos personales e institucionales.

Institucionalmente, en cambio, la acogida fue cordial: el boletín del propio Grupo presentaba la nueva entidad como una segunda sede donde aprender, hablar, practicar y difundir el esperanto, e invitaba a todos a visitarla (Valencia Luno nº 21).

Las causas exactas de aquella desconfianza son difíciles de reconstruir. José Fernando Soler era recordado como un esperantista extraordinariamente entusiasta, pero también como una persona singular, extravagante y con un humor satírico que no siempre era bien recibido. Su fuerte personalidad podía provocar simpatía en unas personas y fricciones con otras. Quienes lo trataron no lo recuerdan, en cambio, como alguien fácil de influir: lo describen más bien como una persona obstinada y desconfiada, que llevaba tiempo buscando quien le ayudara a sacar adelante su proyecto sin encontrarlo.

También podía influir la naturaleza misma del proyecto. La Fundación era una entidad independiente, con patrimonio, local y órganos de gobierno propios, y una parte del Grupo podía percibirla como un nuevo centro de actividad situado fuera de su control.

La coincidencia de los nombres añadía cierta confusión: aunque la Fundación había sido creada por José Fernando Soler Sempere en memoria de su padre, Fernando Soler Valls, padre e hijo eran conocidos a menudo con nombres muy parecidos. Eso podía hacer que la iniciativa pareciera más personal de lo que realmente pretendía ser.

No disponemos de documentación suficiente para determinar cuál de estos factores fue decisivo. Probablemente confluyeron diferencias personales, temor a perder independencia y maneras distintas de entender cómo debía organizarse la actividad esperantista.

Los testimonios disponibles no apuntan, en cambio, a una división política convencional: en los órganos de dirección convivían personas de ideologías muy distintas, y las discrepancias recordadas tienen más que ver con modelos diferentes de esperantismo —modernización frente a tradición, profesionalización frente a voluntariado— que con la política.

Juan Bautista Fontecha Soto (1960–2017)

Juan Bautista Fontecha Soto en el saludo que firmó en el libro del 78º Congreso Universal de Esperanto (Valencia, 1993)
Juan Bautista Fontecha Soto en el saludo que firmó en el libro del 78º Congreso Universal de Esperanto (Valencia, 1993)

Juan Bautista Fontecha Soto (Aretxabaleta, Guipúzcoa, 7 de octubre de 1960 – incinerado en Valencia el 31 de julio de 2017) fue una de las figuras decisivas en la creación y la primera etapa de la Fundación. Diplomado en Magisterio, trabajó inicialmente como maestro de enseñanza primaria.

Ya desde joven destacaba, según los testimonios de la época, por su habilidad para los trámites, el papeleo y las gestiones administrativas. Esa capacidad resultó esencial para que el proyecto de José Fernando Soler Sempere se convirtiera en 1988 en una fundación legalmente constituida.

Fontecha fue secretario del primer patronato, según el BOE de 1988, y presidía entonces el Grupo Esperanto de Valencia, que rondaba los cuatrocientos socios y negociaba con la Generalitat la posible introducción del esperanto en un centro piloto de EGB, según el reportaje del diario Levante de julio de 1988 («Cuando el esperanto era el tercer idioma de Valencia»).

Presidió el Grupo hasta comienzos de 1990: su firma como presidente aparece todavía en la convocatoria de la asamblea general de febrero de 1989 (Valencia Luno nº 21), y el boletín de mayo de 1990 publica ya la nueva junta salida de la asamblea, encabezada por José Pérez Sempere (nº 26).

Tras la muerte de Soler Sempere, en 1991, Fontecha asumió la presidencia de la Fundación, que fue desde entonces su principal plataforma. En el 78º Congreso Universal de Esperanto, celebrado en Valencia en 1993, fue vicepresidente del comité organizador local, presidido por Augusto Casquero (nº 38).

Siguió al frente del patronato hasta su muerte en 2017, a los 56 años.

Una visión modernizadora del esperantismo

Fontecha defendía una modernización y una mayor profesionalización del movimiento esperantista. Observaba que la dependencia casi exclusiva del voluntariado dificultaba la continuidad: muchos jóvenes se implicaban intensamente mientras estudiaban, y muchas personas volvían a disponer de tiempo al jubilarse, pero buena parte de quienes se incorporaban plenamente al mundo laboral y familiar acababan reduciendo o abandonando su actividad. Por eso proponía desarrollar servicios y actividades económicamente sostenibles que permitieran una dedicación profesional al esperanto, y aspiraba además a renovar la imagen pública de la lengua, alejándola de elementos que consideraba excesivamente ritualizados o cerrados.

Esta concepción contrastaba con planteamientos más tradicionales presentes en una parte del movimiento valenciano de la época, y estuvo en el origen de algunos de los desencuentros de aquellos años.

El recelo hacia lo que consideraba demasiado ritualizado llegaba hasta los símbolos. Frente a la bandera verde con la estrella de cinco puntas, aprobada en el primer Congreso Universal de 1905, Fontecha se inclinaba por el símbolo jubilar creado en 1987 para el centenario de la lengua: una E latina y una Э cirílica enfrentadas, que representan la unión de Occidente y Oriente y que nació precisamente porque una parte del movimiento veía en la bandera un emblema demasiado nacional para una lengua internacional (símbolos del esperanto). El símbolo jubilar nunca llegó a sustituir a la bandera, y preferir uno u otro acabó siendo una forma rápida de situarse en aquel debate.

A la izquierda, la bandera aprobada en 1905; a la derecha, el símbolo jubilar de 1987 (imágenes de dominio público, Wikimedia Commons)
A la izquierda, la bandera aprobada en 1905; a la derecha, el símbolo jubilar de 1987 (imágenes de dominio público, Wikimedia Commons)

En 1998, cerca ya de los cuarenta años, inició los estudios de Derecho y posteriormente ejerció de abogado. Esa reorientación profesional daba continuidad a una aptitud para las cuestiones jurídicas y administrativas que había mostrado mucho antes de obtener la titulación.

Según el testimonio de Berta Raposo, hija del esperantista valenciano Jesús Raposo Montero, los esperantistas lo apodaban humorísticamente «Fontefarita», traducción jocosa al esperanto de su apellido leído como «Fuente Hecha». Le gustaban mucho los idiomas, entre ellos el alemán: al fundar su bufete de abogados lo llamó «Fontecha und Kollegen» («Fontecha y colegas», en alemán).

Un liderazgo con lecturas opuestas

Su liderazgo no fue percibido de la misma manera por todos sus colaboradores: mientras algunos destacan su capacidad de iniciativa, su trabajo y su habilidad para la gestión, otros recuerdan una fuerte concentración de las decisiones en su persona y echaban en falta más transparencia. Esas diferencias contribuyeron a convertirlo en una figura controvertida dentro del esperantismo valenciano.

Intentos de acercamiento y de renovación

Pese a los recelos, hubo también intentos de acercar la Fundación y el Grupo Esperanto de Valencia. Durante la presidencia de Fontecha se llegó a proponer que el Grupo utilizara la sede de la Fundación para algunas de sus actividades: la iniciativa partió de un joven secretario de la Fundación vinculado simultáneamente a ambas entidades, y Fontecha aceptó que la propuesta se trasladara al Grupo, lo que muestra cierta disposición de la dirección de la Fundación a colaborar.

El ofrecimiento no era menor. La Fundación tenía un piso en propiedad, mientras que el Grupo no disponía de local propio: ocupaba de alquiler su sede de la Gran Vía Fernando el Católico, y su propio boletín explicaba en enero de 1998 que el coste del alquiler «fue creciendo y creciendo» durante los últimos años y crecería mucho más «por la actual ley de arrendamientos», hasta el punto de temer la pérdida del local. Ese mismo número anunciaba la compra de una nueva sede, ya «propiedad de los socios», en la avenida de Peris y Valero, inaugurada el 1 de marzo de 1998 (Valencia Luno nº 45). Mientras duró aquella situación, aceptar el ofrecimiento habría dado al Grupo un espacio estable sin ese coste. La iniciativa no prosperó. Según el testimonio de quien hizo las gestiones, una parte de la dirección del Grupo prefería mantener una independencia completa respecto de la Fundación, y algunas personas recibieron el ofrecimiento con desconfianza; no consta, en cambio, que esa fuera la postura del Grupo en su conjunto.

Hubo asimismo intentos de incorporar gente nueva a la propia Fundación. Una esperantista valenciana recuerda que Fontecha le propuso personalmente asumir alguna responsabilidad en la entidad —no recuerda con precisión el cargo ni la fecha— y que ella declinó por considerar que había personas más preparadas. Recuerda también reuniones convocadas para buscar una nueva etapa, una de ellas en el propio piso de la Fundación, con la intención de encontrar quien se implicara, reactivar las actividades y favorecer alguna forma de colaboración con el Grupo.

Ninguno de aquellos intentos llegó a consolidarse, y los testimonios coinciden en apuntar la misma dificultad de fondo: la Fundación disponía de sede, patrimonio y recursos, pero cada vez le resultaba más difícil reunir un grupo estable de personas dispuestas a organizar actividades y asumir responsabilidades institucionales de manera continuada. Su progresiva pérdida de actividad se explica, al menos en parte, por esa falta de capital humano.

El patronato de 2010 y el largo silencio

El patronato inscrito en 2010, por resolución de 25 de febrero, estaba formado por Juan Bautista Fontecha Soto (presidente), Tania García Fontecha (secretaria) y Francisco García Cerrolaza (tesorero), según la certificación del Registro de Fundaciones expedida el 11 de mayo de 2023 por el jefe del Servicio de Fundaciones y Asociaciones, que lo describe como «el último Patronato inscrito».

En el patronato anterior habían figurado también los esperantistas Bermell y José Martínez Hernández. Bermell figuraba como secretario desde 1991, cuando Fontecha pasó a presidir la fundación; Martínez Hernández sustituyó como tesorero a Rafael Herrero García en fecha indeterminada, y en 2003 los tres firman la escritura de cambio de denominación (ver documento). Esa escritura es el último documento en que consta su actuación: la certificación de 2023 no los menciona, de modo que la resolución de 2010 es la que da por cerrada su etapa.

Aquel silencio acabó teniendo consecuencias administrativas. El 28 de abril de 2023, el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana publicó la apertura de un período de información previa en relación con el inicio del procedimiento de regularización registral o de extinción de la Fundación, con un plazo de diez días para presentar alegaciones (DOGV núm. 9585, de 28 de abril de 2023). El anuncio daba como último domicilio conocido de la entidad la calle J. J. Dómine, 12.

A partir de aquel anuncio, varios miembros del Grupo Esperanto de Valencia se dirigieron al Protectorado de Fundaciones y se ofrecieron como patronos, haciendo notar que los fines estatutarios de ambas entidades coincidían y comprometiéndose a cumplirlos. De ahí salió el patronato actual.

Tras un largo período sin actividad pública conocida, el patronato se renovó en junio de 2026, y con él la actividad de la fundación: quiénes lo forman hoy puede verse en Quiénes somos.