Historia
La Fundación de Esperanto de la Comunidad Valenciana se constituyó en Valencia el 18 de abril de 1988, mediante la escritura pública número 612 otorgada ante el notario Vicente Martorell Eixarch, con el nombre original de «Esperanto-Fundación Fernando Soler».
Quedó inscrita como fundación cultural privada de promoción en el Registro de Fundaciones de la Comunitat Valenciana el 21 de junio de 1988, por resolución de la Secretaría General de la Consejería de Cultura, Educación y Ciencia de la Generalitat Valenciana, publicada en el DOGV núm. 934, de 13 de julio de 1988, y en el BOE núm. 177, de 25 de julio de 1988. Es la misma entidad, con la misma personalidad jurídica desde su origen: la copia notarial de los estatutos con la nueva denominación se expidió el 23 de enero de 2003, y la modificación quedó inscrita en el Registro de Fundaciones el 9 de enero de 2004, con el número registral 076-V. El nombre nuevo se usaba en público antes de formalizarse: el 1 de marzo de 2002 la entidad ya se anunciaba con su denominación actual en el programa de esperanto de Ràdio Klara (escuchar).
El cambio no fue una decisión de imagen. El patronato lo acordó en su reunión ordinaria del 17 de enero de 2001, y el certificado que el secretario remitió a la Conselleria lo explica sin rodeos: estaba «motivado únicamente por imperativo legal, puesto que de acuerdo a la Ley de Fundaciones, debe contener las palabras “Fundación de la Comunidad Valenciana”». Que la palabra Esperanto siguiera en el nombre se justificaba aparte, por tratarse de «una fundación dedicada al Esperanto». En esa misma reunión se aprobó la adaptación de los estatutos a la Ley 8/1998. El resultado fue que el nombre de Fernando Soler desapareció de la denominación de la entidad creada para honrarlo.
La norma es la Ley 8/1998, de 9 de diciembre, de Fundaciones de la Comunidad Valenciana (DOGV n.º 3391, de 11 de diciembre de 1998; BOE n.º 18, de 21 de enero de 1999), en vigor desde el 31 de diciembre de 1998 y todavía vigente hoy, aunque desde la Ley 9/2008 su redacción habla de Comunitat Valenciana. Su artículo 10.a) obliga a que en los estatutos conste «la denominación de la entidad, en la que deberán figurar las palabras «Fundación de la Comunidad Valenciana»» —o Fundació de la Comunitat Valenciana—, y su disposición transitoria segunda daba a las fundaciones ya constituidas dos años para adaptar sus estatutos y presentarlos en el Registro, con la advertencia de que no hacerlo podía dejarlas fuera de las subvenciones públicas.
El plazo vencía, pues, el 31 de diciembre de 2000, y el patronato acordó la adaptación el 17 de enero de 2001: diecisiete días tarde. La escritura no se otorgó hasta el 23 de enero de 2003 y la inscripción no llegó hasta el 9 de enero de 2004, cinco años después de la ley. El tono del asunto asoma en un correo interno de la propia Fundación: «He recibido en la Fundación un aviso de Correos a nombre de Juan Fontecha Soto / F. Esperanto. Supongo que será la Generalitat dando la vara con los Estatutos, porque imagino que las cuentas no habrán tenido ningún problema. También supongo que los plazos de tiempo cuentan a partir de cuándo recoges el sobre y no de la fecha del aviso».
Los estatutos modificados fijaron como ámbito principal de actuación la Comunitat Valenciana, «sin perjuicio de que dichas actividades puedan extenderse a cualquier otro ámbito territorial» (art. 5). El nuevo nombre, además, identifica a la entidad sin necesidad de saber quién fue Fernando Soler Valls.
En esta página: Fernando Soler Valls · José Fernando Soler Sempere · La fundación de 1988 · Una fundación nacida entre recelos · Juan Bautista Fontecha Soto · Intentos de acercamiento y de renovación · El último patronato inscrito y la recuperación
- 1873 Nace en Albaida Fernando Soler Valls.
- 1903 Fernando Soler Valls cofunda el Grupo Esperanto de Valencia.
- 1908 Soler Valls publica en Enguera Esperanto al alcance de todos, su gramática más difundida, reeditada durante más de medio siglo.
- 1956 Muere en Valencia Fernando Soler Valls, a los 83 años.
- 1988 Constitución de la Fundación «Esperanto-Fundación Fernando Soler»: primer patronato con José Fernando Soler Sempere (presidente), Juan Bautista Fontecha Soto (secretario) y Rafael Herrero García (tesorero), según el BOE.
- 1990 El Grupo Esperanto de Valencia elige nueva junta: José Pérez Sempere sustituye a Fontecha en la presidencia, según el boletín Valencia Luno nº 26.
- 1991 El 20 de marzo muere José Fernando Soler Sempere, fundador y primer presidente del patronato; le sucede Juan Bautista Fontecha Soto, que había presidido el Grupo Esperanto de Valencia hasta 1990, con Alberto Bermell Benet como secretario.
- 1993 Valencia acoge el 78º Congreso Universal de Esperanto.
- 2003 José Martínez Hernández había sustituido, en fecha indeterminada, a Rafael Herrero García como tesorero: Fontecha, Bermell y Martínez Hernández firman la escritura de cambio de denominación.
- 2004 Cambio de denominación a Fundación de Esperanto de la Comunidad Valenciana: los estatutos fijan el ámbito valenciano como ámbito principal de actuación.
- 2010 Nuevo patronato: Juan Bautista Fontecha Soto (presidente), Tania García Fontecha (secretaria) y Francisco García Cerrolaza (tesorero).
- 2017 Muere Juan Bautista Fontecha Soto, presidente del patronato, a los 56 años.
- 2020 A partir de este año, el abogado Ramón Diago Marco, Raúl Salinas Monteagudo y otros miembros del Grupo Esperanto de Valencia inician las gestiones para recuperar la actividad de la fundación.
- 2023 La Generalitat abre un período de información previa sobre la regularización registral o la extinción de la fundación, publicado en el DOGV núm. 9585, de 28 de abril.
- 2026 Renovación del patronato y reactivación de la actividad.
Fernando Soler Valls (1873–1956)
El nombre original de la Fundación homenajeaba a Fernando Soler Valls, nacido en Albaida (Valencia) el 15 de marzo de 1873 y fallecido en Valencia el 24 de marzo de 1956. Telegrafista de profesión, fue jefe de Telégrafos en Valencia, fundador y presidente de la Biblioteca de Funcionarios de Telégrafos y, a finales de 1928, la Dirección General de Comunicaciones lo destinó como jefe de Telégrafos a Cáceres, donde permaneció hasta 1931.
Fue uno de los grandes pioneros del esperanto en España: en 1903 cofundó el Grupo Esperanto de Valencia junto a Román Ayza y Rafael Duyós Sedó, dirigió numerosos cursos —algunos organizados en Valencia por la Sociedad Vegetariana— y colaboró en la revista La Suno Hispana. Publicó varias gramáticas, algunas dirigidas a niños, entre ellas Elementos de Esperanto y El idioma internacional auxiliar Esperanto. La más difundida fue Esperanto al alcance de todos, publicada por primera vez en Enguera en 1908 y reeditada durante más de medio siglo; la segunda edición (1910), premiada con medalla de plata en la Exposición Regional de Valencia de 1909, está digitalizada en Internet Archive, y la duodécima (1976), póstuma, puede descargarse en esta web. Durante sus años en Cáceres firmó en el diario Nuevo Día la sección «Horizontes nuevos. El idioma internacional» y participó en el VIII Congreso de Esperanto (Oviedo, 1929); en 1931 fue destinado a la oficina de telégrafos de Barcelona (fuente: «Extremadura, tierra de esperanto (1924-1936)»).
Sus gramáticas siguieron usándose mucho después de su muerte: Antonio Madrigal Sáez, que aprendió esperanto en Valencia hacia 1970 y llegó a dar clases, recuerda haber enseñado con la de Soler Valls porque «estaba muy bien» —bilingüe castellano-esperanto y cuidadosamente impresa—, aunque reconoce que hoy su tono resultaría machista (testimonio recogido el 23 de agosto de 2026).
También fue esperantista su hija Conchita Soler Sempere: su padre le dedicó, «en premio a sus virtudes», la sexta edición y las sucesivas de su gramática (Valencia, marzo de 1955), y en 1966 asistió al 27º Congreso Español de Esperanto (Bilbao) junto a un «José Soler Sempere», con toda probabilidad su hermano José Fernando. Murió pocos meses después, el 20 de noviembre de 1966, como recuerda, junto a su fotografía, la duodécima edición del libro. La ĝermolisto de la Wikipedia en esperanto atribuye a Soler Valls, sin citar fuentes, otros dos hijos esperantistas: un José Sempere fallecido en 1952 y un Fernando Soler Sempere fallecido en 1966.
Valencia fue uno de los focos históricos del esperantismo español, con raíces anteriores incluso a Soler y con figuras como Vicente Inglada, Manuel Caplliure Ballester —que en 1918 inició los cursos de esperanto en el Instituto de Idiomas de la Universidad de Valencia— o Vicente Olcina. Esos orígenes, la visita de Zamenhof en 1909 y la persecución que sufrieron los esperantistas valencianos durante la Guerra Civil puedes leerlos en «Cuando Zamenhof visitó Valencia».
José Fernando Soler Sempere (1913–1991)
José Fernando Soler Sempere (Valencia, 1913–1991), hijo de Fernando Soler Valls, fue arquitecto técnico de profesión (Medalla de Oro del Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos en 1985) y continuador de los cursos de esperanto de su padre; murió sin hijos el 20 de marzo de 1991.
La necrológica que le dedicó Fontecha en Valencia Luno describe a un hombre «de profunda vida interna y persona tan discreta que muy pocos de nosotros llegamos a conocer siquiera una pequeña parte de ella». Según ese texto sus oficios fueron dos, arquitecto técnico y telegrafista, y su lado menos conocido fue la relación con el mundo del teatro y la música: trató a figuras como Pedrito Rico, Concha Piquer o Juanita Reina, y durante algunos años fue el representante en España del cantante Antonio Machín, con quien recorrió el país. A varios de aquellos artistas, escribe Fontecha, los ayudó «humana e incluso económicamente». También lo recuerda como alguien «a veces polémico y no siempre comprendido por todos» (Valencia Luno n.º 31, junio de 1991).
La idea de dejar su patrimonio al esperanto le venía de mucho antes. En 1972 —dieciséis años antes de la escritura de constitución, y seis después de morir su hermana— el boletín del Grupo daba la noticia en una llamada a los legados testamentarios para el movimiento:
Por citar sólo a los españoles, debemos mencionar la generosidad del matrimonio Casanovas-Ferrandis, de Sancho-Rebullida, de Múñez y, entre otros, y por último, el ejemplo extraordinario de nuestro correligionario valenciano José Soler Sempere, que en memoria de su padre, el pionero Fernando Soler Valls, y de su hermana, la llorada Conchita, establece un fondo importante, que ciertamente ayudará al movimiento en todo el mundo y, sobre todo, en nuestro país y en nuestra región.
El mismo texto razonaba por qué: «hay personas que, por falta de familia, no tienen herederos directos. Nuestro movimiento puede ser la solución» (Valencia Luno n.º 6). No consta que aquel «fonduso» de 1972 llegara a tener forma jurídica —la fundación no se constituyó hasta 1988—, pero sitúa el propósito, y sus dos dedicatarios, casi dos décadas antes.
Soler Valls había dedicado a su hijo la publicación de una de sus gramáticas, con el deseo de que fuera siempre «un entusiasta esperantista»; padre e hijo están enterrados juntos en el cementerio de Valencia. José Fernando cumplió el encargo: cuando en 1988 puso su propio patrimonio en la fundación, no la creó a su nombre, sino al de su padre, Fernando Soler Valls. El parecido de ambos nombres ha hecho que a menudo se confundan, y puede dar la impresión de que la Fundación llevaba el nombre de su propio fundador.
La conocida esperantista Ana Montesinos recuerda que, en los encuentros esperantistas, José Fernando Soler solía vestir completamente de verde, como muestra de su intensa identificación con el esperanto.
Antonio Madrigal, que lo trató en aquellos años, recuerda otras dos señales de la misma identificación: José Fernando tenía un perro llamado Espero —«esperanza» en esperanto, y también el título del himno del movimiento— y en su piso del puerto, un ático con piscina en la azotea al que llegó a estar invitado, lucía un gran cartel encarado al mar, con la estrella verde y la palabra «Esperanto», que se distinguía perfectamente desde lejos y que servía de propaganda a la lengua.
Rafael Herrero García, tesorero de aquel primer patronato y única persona que queda de él, confirma esa fama y coincide con Ramón Diago y con otro testimonio directo de la época en un detalle: Soler Sempere llevaba peluca. De ahí una broma que él mismo contaba y que Herrero recuerda todavía: se presentó un día en un congreso vestido de oscuro, encorvado y sin peluca, y a la mañana siguiente volvió con la peluca puesta y de verde, como de costumbre, para anunciar que «mi padre estuvo ayer aquí en el congreso». Era él mismo. De la misma cosecha es la escena de la tienda de televisores: después de hacer dar vueltas al aparato al vendedor, le preguntó si no veía unos reflejos verdes en la pantalla, y el vendedor le contestó «¿no será el reflejo de su ropa verde?». También le atribuye un juego de palabras sobre Ivo Lapenna, entonces figura central del movimiento: «y tiene una mujer que también vale la pena» (notas de la entrevista del 26 de agosto de 2026).
Del patrimonio que años después haría posible la Fundación, Herrero recuerda que Soler Sempere era propietario de dos pisos frente al puerto y, cree, también del bar de los bajos. Como aparejador le atribuye además la obra de la parroquia y el edificio de la plaza de España de Valencia.
Del mismo testimonio procede un retrato menos amable: Soler Sempere promocionaba el esperanto sin descanso, pero lo hablaba poco, «lo justito». Madrigal, que se llevaba bien con él, lo recuerda como alguien individualista que «iba muy a la suya»; su humor, añade, no era sarcástico ni siquiera irónico, sino «de los tiempos de entonces», de un tipo que hoy se consideraría machista, aunque a él no le molestaba.
Ramón Diago Marco, hoy presidente de la Fundación, recuerda que José Fernando lo saludaba invariablemente con el mismo juego de palabras: «Donde digo "digo", digo Diago», una vuelta cariñosa al dicho «donde dije digo, digo Diego».
Según los testimonios orales de la época, Fontecha también ayudó y cuidó a José Fernando Soler Sempere. Madrigal, que conoció a los dos, recuerda que Fontecha «se dedicó a cuidarlo, a acompañarlo a los congresos [...] hizo de hijo»; su impresión personal, dice, era que lo hacía por afecto y no por interés.
La fundación de 1988
En 1988, José Fernando Soler Sempere constituyó la Fundación «Esperanto-Fundación Fernando Soler», con Juan Bautista Fontecha Soto y Rafael Herrero García como miembros del primer patronato. El patrimonio inicial, de 1.500.000 pesetas, fue aportado íntegramente por Soler Sempere, que presidió la Fundación hasta su muerte en 1991. Su objeto estatutario es «el fomento, promoción, expansión y divulgación del modo más amplio de la lengua internacional auxiliar esperanto».
El tesorero, Rafael Herrero García, era hijo del doctor Rafael Herrero Arroyo, médico y presidente de honor de la Hispana Esperanto-Federacio, a quien Fontecha recordaba en 1993, entre los esperantistas valencianos fallecidos, en el saludo del libro del 78º Congreso Universal de Esperanto. En el boletín del 19º Congreso Español de Esperanto (Castellón, 1958) la familia aparece inscrita al completo: el doctor Herrero Arroyo, su esposa Pilar García Villagrasa y sus hijos Rafael y Enrique Herrero García. Fue el doctor Herrero quien transmitió por radio la necrología de Fernando Soler Valls a la muerte de este en 1956.
El parentesco, que hasta ahora se deducía de aquella inscripción familiar, está hoy confirmado: el boletín Valencia Luno de marzo de 1985 presenta al futuro tesorero como «s-ro Rafael Herrero, filo de nia neforgesebla D-ro Herrero» (nº 14), y él mismo lo ha confirmado en 2026 (notas de la entrevista del 26 de agosto de 2026).
Herrero García, única persona que queda de aquel primer patronato, recuerda haber estado en la inauguración de la sede, junto a Juan Bosch —que había presidido el Grupo Esperanto de Valencia en 1982— y algún esperantista más. También explica por qué su nombre desaparece después: nunca tuvo mayor interés en formar parte del patronato y, cuando llegó el momento de volver a firmar ante notario, pidió que lo dejaran fuera —«yo estoy mayor, yo no quiero saber nada de obligaciones»—. En su recuerdo lo relevó un patrono joven cuyo nombre ya no precisa. La documentación conservada no permite fechar el relevo: la escritura de 2003 es el primer documento en que consta ya José Martínez Hernández como tesorero (notas de la entrevista del 26 de agosto de 2026).
La nueva fundación se anunció durante el 48º Congreso Español de Esperanto (Valencia, 1988) y comenzó sus actividades en febrero de 1989, con clases de esperanto en su sede de la calle Duque de Calabria, según recogía el boletín Valencia Luno nº 21. La sede no acogió solo clases de esperanto: según recuerda un participante directo, allí se organizaron también otras iniciativas culturales y formativas, entre ellas actividades de educación de la voz.
En 1989 la Fundación publicó además su propia revista, bilingüe en español y esperanto. El número 0, de julio-agosto, salió como Universala Lingvo; el número 1, de septiembre-octubre, ya llevaba el nombre definitivo de Internacia Lingvo, cambiado —explicaba la redacción— atendiendo a las sugerencias de los lectores. La dirigía Juan Bautista Fontecha Soto, y en la redacción figuraban Alberto Bermell Benet, José Martínez Hernández, Luci Moreno Díaz, Jorge Moragues Penella y José Añó Belda, a los que en el segundo número se sumaron Rodolfo Canet Marín y Augusto Casquero de la Cruz.
Sus páginas muestran una fundación en plena actividad: cursos gratuitos en la sede de Duque de Calabria los martes y jueves, con la gramática de Fernando Soler Valls como libro de texto; agradecimientos por las donaciones de libros que fueron formando su biblioteca; una tarjeta de colaborador de doscientas pesetas al mes; y el seguimiento de la candidatura del Congreso Universal de Valencia de 1993, que aquel año recibió el apoyo formal de la federación española y una carta de la alcaldesa Clementina Ródenas escrita en esperanto (nº 0 —cuyo contenido puede leerse entero aquí— y nº 1 —íd.—, a partir de los escaneos de Bitarkivo).
Esas tarjetas se conservan. En el archivo de la Fundación hay seis, de 1989 y 1990: en el anverso, el nombre del colaborador; al dorso, una cuadrícula donde se sellaban los semestres pagados —unua y dua duono, primera y segunda mitad— de 1989, 1990 y 1991. La número 1 es la del propio Soler Sempere, fechada el 1 de enero de 1989, un mes antes de que empezaran las clases; la 2, la de Fontecha, que entonces tenía veintiocho años y era profesor de instituto; la 28, la de Rafael Herrero García. Las tres —justamente las de los tres miembros del primer patronato— llevan el encabezamiento Speciala kunlaboranta karto, «tarjeta especial de colaborador», frente a la Kunlaboranta karto ordinaria del resto. La numeración llega al menos al 39 en enero de 1990, indicio de una red de colaboradores de cierta amplitud en poco más de un año. De las ordinarias se conservan las de Augusto Casquero de la Cruz (nº 25), Rafael Peris Solaz (nº 29) —que anotó su profesión en esperanto, fervojisto, ferroviario— y Pascual Pont Martínez (nº 39).

Anverso y dorso de la tarjeta de colaborador nº 1, a nombre de José Fernando Soler Sempere, fechada el 1 de enero de 1989.

Anverso y dorso de la tarjeta nº 2, la de Juan Bautista Fontecha Soto, con su firma, su edad —veintiocho años— y su profesión.

Anverso de las tres tarjetas ordinarias que se conservan: las de Augusto Casquero de la Cruz, Rafael Peris Solaz y Pascual Pont Martínez.
Ese piso llegó a ser propiedad de la Fundación por herencia del propio Soler Sempere: la escritura, otorgada el 14 de abril de 1992 ante el notario Vicente Martorell Eixarch, consta inscrita en el Registro de la Propiedad de Valencia (nota simple). En esa misma necrológica, Fontecha precisa que Soler Sempere legó en testamento a la Fundación «la práctica totalidad de su considerable patrimonio» (Valencia Luno n.º 31).
Según los testimonios de la época, el fundador quería destinar los recursos de la fundación a premiar a esperantistas de todo el mundo; pensaba sobre todo en quienes habían dedicado años a la lengua sin recibir nada a cambio. Ese mismo boletín recoge la intención: anunciaba la convocatoria de un premio en memoria de Fernando Soler Valls, dirigido a quien —esperantista o no— contribuyera de manera extraordinaria al desarrollo del movimiento esperantista.
El anuncio se había hecho ya en febrero de 1989, cuando el boletín presentó la Fundación: entre sus actividades principales estaba «convocar un premio en memoria del Sr. Fernando Soler i Valls», dirigido a todos los que —esperantistas o no— contribuyeran de manera extraordinaria al desarrollo del movimiento (Valencia Luno n.º 21). Es la única vez que el premio aparece en los setenta y ocho números conservados del boletín: no consta que llegara a convocarse nunca.

El cartel de la fundación en su sede de Duque de Calabria, con el nombre original «Esperanto Fundación Fernando Soler»
La sede se inauguró solemnemente la tarde del 9 de diciembre de 1989, el mismo día en que los esperantistas valencianos celebraban el Día de Zamenhof, con corona de laurel en la placa de la calle que lleva su nombre y banquete de mediodía. La crónica del boletín cuenta que al visitar el local se veía «que el esperanto fluye por las paredes, los suelos y todos los detalles»; que Juan Bosch hizo un recorrido por la vida y el significado esperantista de Fernando Soler; que Juan Fontecha presentó la revista de la fundación, Internacia Lingvo, y que el esperantista Raposo leyó poesía en esperanto sobre la paz. Después hubo bufé y, anota el cronista, se volvió a comer, beber y krokodili —hablar en lengua nacional entre esperantistas, el pecado venial del movimiento— (Valencia Luno n.º 25).

Acto en el Salón de Correos de Valencia: de izquierda a derecha, Juan Fontecha, Enrique Navarro (de Correos), José Añó, un operario de Correos, Bermell y José Fernando Soler Sempere
El boletín del Grupo documenta un acto que encaja con esta fotografía: el 24 de abril de 1990, con motivo de una charla de José Añó sobre esperanto en la Oficina Central de Correos de Valencia, se donaron a su biblioteca el libro AEIOU de Esperanto, del propio Añó, y la revista Internacia Lingvo de la Fundación «Fernando Soler». El boletín publicó una imagen del momento (Valencia Luno n.º 26).
Aquel mismo verano, el diario Levante dedicó un reportaje al resurgir del esperanto en la ciudad: puedes leerlo en «Cuando el esperanto era el tercer idioma de Valencia» (fuentes en enlaces).
El doctor Rafael Herrero Arroyo (1898–1977)
La familia del tesorero es uno de los hilos que unen la Fundación de 1988 con el esperantismo valenciano anterior a la guerra. Rafael Herrero Arroyo nació en 1898 en Sète (Francia), donde su padre tenía un negocio de vinos; vivió también en Argelia y llegó a Valencia a los nueve años. Estudió con los jesuitas y terminó Medicina con premio extraordinario de fin de carrera. Fue médico de la Cruz Roja y ejerció la medicina general, aunque su especialidad, cursada en el hospital Saint-Louis de París, era la dermatología. De joven, hijo de viuda, se ganaba la vida traduciendo del francés al castellano; hablaba además inglés y algo de italiano, y esa facilidad para las lenguas lo llevó a atender también a huéspedes de hotel.
Era esperantista desde antes de la Guerra Civil —su hijo conserva fotografías suyas anteriores a 1936 con la estrella verde—, presidió el Grupo Esperanto de Valencia y la Hispana Esperanto-Federacio y fue quien creó la primera época del boletín Valencia Luno (nº 1 de la segunda época, mayo de 1982). Escribía además, semana a semana, los guiones del programa de radio «Micrófono esperantista». Dejó la presidencia tras un ictus que le quitó soltura al hablar, pero siguió activo hasta el final. Lo que buscaba en el esperanto, resume su hijo, era la hermandad entre las gentes del mundo: por su casa pasaron a comer japoneses, holandeses, ingleses y estadounidenses, y allí se recibían El Popola Ĉinio y Heroldo de Esperanto.
Murió en Valencia en 1977, según su hijo; el boletín de mayo de 1982 lo daba ya por fallecido. Su viuda, Pilar García Villagrasa, murió el 8 de marzo de 1985, y el boletín la recordó como quien acompañó a su marido a todos los congresos y lo animó a persistir (nº 14) (notas de la entrevista del 26 de agosto de 2026).
Una fundación nacida entre recelos
La creación de la Fundación Fernando Soler, en 1988, no fue recibida de manera unánime dentro del esperantismo valenciano. José Fernando Soler Sempere había propuesto la idea a varias personas, pero encontró poco apoyo inicial hasta que Juan Bautista Fontecha decidió ayudarle a convertir el proyecto en una entidad legalmente constituida.
Según los testimonios orales de personas que vivieron aquella etapa, algunos miembros del Grupo Esperanto de Valencia interpretaron el nacimiento de la Fundación como una separación o como la posible creación de una organización paralela. No se produjo una ruptura formal, y varias personas siguieron vinculadas simultáneamente a ambas entidades, pero durante años persistieron recelos personales e institucionales.
Institucionalmente, en cambio, la acogida fue cordial: el boletín del propio Grupo presentaba la nueva entidad como una segunda sede donde aprender, hablar, practicar y difundir el esperanto, e invitaba a todos a visitarla (Valencia Luno nº 21).
Las causas exactas de aquella desconfianza son difíciles de reconstruir. José Fernando Soler era recordado como un esperantista extraordinariamente entusiasta, pero también como una persona singular, extravagante y con un humor satírico que no siempre era bien recibido. Su fuerte personalidad podía provocar simpatía en unas personas y fricciones con otras. Quienes lo trataron no lo recuerdan, en cambio, como alguien fácil de influir: lo describen más bien como una persona obstinada y desconfiada, que llevaba tiempo buscando quien le ayudara a sacar adelante su proyecto sin encontrarlo.
También podía influir la naturaleza misma del proyecto. La Fundación era una entidad independiente, con patrimonio, local y órganos de gobierno propios, y una parte del Grupo podía percibirla como un nuevo centro de actividad situado fuera de su control.
La coincidencia de los nombres añadía cierta confusión: aunque la Fundación había sido creada por José Fernando Soler Sempere en memoria de su padre, Fernando Soler Valls, padre e hijo eran conocidos a menudo con nombres muy parecidos. Eso podía hacer que la iniciativa pareciera más personal de lo que realmente pretendía ser.
No disponemos de documentación suficiente para determinar cuál de estos factores fue decisivo. Probablemente confluyeron diferencias personales, temor a perder independencia y maneras distintas de entender cómo debía organizarse la actividad esperantista.
Los testimonios disponibles no apuntan, en cambio, a una división política convencional: en los órganos de dirección convivían personas de ideologías muy distintas, y las discrepancias recordadas tienen más que ver con modelos diferentes de esperantismo —modernización frente a tradición, profesionalización frente a voluntariado— que con la política.
Juan Bautista Fontecha Soto (1960–2017)

Juan Bautista Fontecha Soto en el saludo que firmó en el libro del 78º Congreso Universal de Esperanto (Valencia, 1993)
Juan Bautista Fontecha Soto (Aretxabaleta, Guipúzcoa, 7 de octubre de 1960 – Valencia, julio de 2017) fue una de las figuras decisivas en la creación y la primera etapa de la Fundación. Diplomado en Magisterio, trabajó inicialmente como maestro de enseñanza primaria.
Ya desde joven destacaba, según los testimonios de la época, por su habilidad para los trámites, el papeleo y las gestiones administrativas. Esa capacidad resultó esencial para que el proyecto de José Fernando Soler Sempere se convirtiera en 1988 en una fundación legalmente constituida.
Fontecha fue secretario del primer patronato, según el BOE de 1988, y presidía entonces el Grupo Esperanto de Valencia, que rondaba los cuatrocientos socios y negociaba con la Generalitat la posible introducción del esperanto en un centro piloto de EGB, según el reportaje del diario Levante de julio de 1988 («Cuando el esperanto era el tercer idioma de Valencia»).
Presidió el Grupo hasta comienzos de 1990: su firma como presidente aparece todavía en la convocatoria de la asamblea general de febrero de 1989 (Valencia Luno nº 21), y el boletín de mayo de 1990 publica ya la nueva junta salida de la asamblea, encabezada por José Pérez Sempere (nº 26).
Tras la muerte de Soler Sempere, en 1991, Fontecha asumió la presidencia de la Fundación, que fue desde entonces su principal plataforma. En el 78º Congreso Universal de Esperanto, celebrado en Valencia en 1993, fue vicepresidente del comité organizador local, presidido por Augusto Casquero (nº 38).
Su implicación en aquel congreso venía de antes. El 8 de noviembre de 1991, cuando la comisión de la UEA visitó Valencia para evaluar la candidatura, Fontecha la acompañó junto a Santiago Miquel y Augusto Casquero, y el boletín lo presenta como «direktoro de la Esperanto Fondaĵo Fernando Soler». Aquella mañana vieron la Consejería de Cultura de la Generalitat —donde se expusieron las necesidades del congreso— y el Palau de la Música, «que probablemente será la sede»; desde allí se desplazaron a Cheste para visitar la Universidad Laboral, con su teatro para seis mil personas, comedores para tres mil y dormitorios para mil, como posible escenario de la inauguración o alojamiento de congresistas (Valencia Luno nº 33).
Siguió al frente del patronato hasta su muerte en 2017, a los 56 años.
Una visión modernizadora del esperantismo
Fontecha defendía una modernización y una mayor profesionalización del movimiento esperantista. Observaba que la dependencia casi exclusiva del voluntariado dificultaba la continuidad: muchos jóvenes se implicaban intensamente mientras estudiaban, y muchas personas volvían a disponer de tiempo al jubilarse, pero buena parte de quienes se incorporaban plenamente al mundo laboral y familiar acababan reduciendo o abandonando su actividad. Por eso proponía desarrollar servicios y actividades económicamente sostenibles que permitieran una dedicación profesional al esperanto, y aspiraba además a renovar la imagen pública de la lengua, alejándola de elementos que consideraba excesivamente ritualizados o cerrados.
Esta concepción contrastaba con planteamientos más tradicionales presentes en una parte del movimiento valenciano de la época.
El recelo hacia lo que consideraba demasiado ritualizado llegaba hasta los símbolos. Frente a la bandera verde con la estrella de cinco puntas, aprobada en el primer Congreso Universal de 1905, Fontecha se inclinaba por el símbolo jubilar creado en 1987 para el centenario de la lengua: una E latina y una Э cirílica enfrentadas, que representan la unión de Occidente y Oriente y que nació precisamente porque una parte del movimiento veía en la bandera un emblema demasiado nacional para una lengua internacional (símbolos del esperanto). El símbolo jubilar nunca llegó a sustituir a la bandera, y preferir uno u otro acabó siendo una forma rápida de situarse en aquel debate.

A la izquierda, la bandera aprobada en 1905; a la derecha, el símbolo jubilar de 1987 (imágenes de dominio público, Wikimedia Commons)
En 1998, cerca ya de los cuarenta años, inició los estudios de Derecho y posteriormente ejerció de abogado. Esa reorientación profesional daba continuidad a una aptitud para las cuestiones jurídicas y administrativas que había mostrado mucho antes de obtener la titulación.
Según el testimonio de Berta Raposo, hija del esperantista valenciano Jesús Raposo Montero, los esperantistas lo apodaban humorísticamente «Fontefarita», traducción jocosa al esperanto de su apellido leído como «Fuente Hecha». Le gustaban mucho los idiomas, entre ellos el alemán: al fundar su bufete de abogados lo llamó «Fontecha und Kollegen» («Fontecha y colegas», en alemán).
Un liderazgo con lecturas opuestas
Su liderazgo no fue percibido de la misma manera por todos sus colaboradores. La revista de la Fundación, que él dirigía, no pasó del segundo número: según recuerda una persona de aquella redacción, hubo un desacuerdo de fondo sobre su contenido y sobre la manera de dirigirla, y una parte del equipo consideró que el resultado daba demasiado protagonismo al director —su presentación en el número 0 iba acompañada de un retrato suyo a lápiz—. Otros destacan, en cambio, su capacidad de iniciativa, su trabajo y su habilidad para la gestión. Esas diferencias contribuyeron a convertirlo en una figura discutida dentro del esperantismo valenciano.
Antonio Madrigal, que lo trató unos años, lo recuerda como alguien «bastante individual» y «bastante hermético», aunque cercano cuando se hablaba con él y volcado en la labor del esperanto. Del mismo testimonio sale la impresión de que Soler Sempere y Fontecha se parecían en eso: los dos iban «un poco cada uno a su guerra», poco participativos en las actividades colectivas, «pero sí que apoyaban».
La fecha exacta del fallecimiento no consta. El registro municipal de difuntos recoge su incineración en Valencia el 31 de julio de 2017.
Intentos de acercamiento y de renovación
Pese a los recelos, hubo también intentos de acercar la Fundación y el Grupo Esperanto de Valencia. Durante la presidencia de Fontecha se llegó a proponer que el Grupo utilizara la sede de la Fundación para algunas de sus actividades: la iniciativa partió de un joven secretario de la Fundación vinculado simultáneamente a ambas entidades, y Fontecha aceptó que la propuesta se trasladara al Grupo, lo que muestra cierta disposición de la dirección de la Fundación a colaborar.
El ofrecimiento no era menor. La Fundación tenía un piso en propiedad, mientras que el Grupo no disponía de local propio: ocupaba de alquiler su sede de la Gran Vía Fernando el Católico, y su propio boletín explicaba en enero de 1998 que el coste del alquiler «fue creciendo y creciendo» durante los últimos años y crecería mucho más «por la actual ley de arrendamientos», hasta el punto de temer la pérdida del local. Ese mismo número anunciaba la compra de una nueva sede, ya «propiedad de los socios», en la avenida de Peris y Valero, inaugurada el 1 de marzo de 1998 (Valencia Luno nº 45). Mientras duró aquella situación, aceptar el ofrecimiento habría dado al Grupo un espacio estable sin ese coste. La iniciativa no prosperó. Según el testimonio de quien hizo las gestiones, una parte de la dirección del Grupo prefería mantener una independencia completa respecto de la Fundación, y algunas personas recibieron el ofrecimiento con desconfianza; no consta, en cambio, que esa fuera la postura del Grupo en su conjunto.
Hubo asimismo intentos de incorporar gente nueva a la propia Fundación. Una esperantista valenciana recuerda que Fontecha le propuso personalmente asumir alguna responsabilidad en la entidad —no recuerda con precisión el cargo ni la fecha— y que ella declinó por considerar que había personas más preparadas. Recuerda también reuniones convocadas para buscar una nueva etapa, una de ellas en el propio piso de la Fundación, con la intención de encontrar quien se implicara, reactivar las actividades y favorecer alguna forma de colaboración con el Grupo.
Ninguno de aquellos intentos llegó a consolidarse, y los testimonios coinciden en apuntar la misma dificultad de fondo: la Fundación disponía de sede, patrimonio y recursos, pero cada vez le resultaba más difícil reunir un grupo estable de personas dispuestas a organizar actividades y asumir responsabilidades institucionales de manera continuada. Su progresiva pérdida de actividad se explica, al menos en parte, por esa falta de capital humano.
El último patronato inscrito y la recuperación de la Fundación
El patronato inscrito en 2010, por resolución de 25 de febrero, estaba formado por Juan Bautista Fontecha Soto (presidente), Tania García Fontecha (secretaria) y Francisco García Cerrolaza (tesorero), según la certificación del Registro de Fundaciones expedida el 11 de mayo de 2023 por el jefe del Servicio de Fundaciones y Asociaciones, que lo describe como «el último Patronato inscrito».
En el patronato anterior habían figurado también los esperantistas Bermell y José Martínez Hernández. Bermell figuraba como secretario desde 1991, cuando Fontecha pasó a presidir la fundación; Martínez Hernández sustituyó como tesorero a Rafael Herrero García en fecha indeterminada, y en 2003 los tres firman la escritura de cambio de denominación (ver documento). Esa escritura es el último documento localizado hasta ahora en que consta su actuación: la certificación de 2023 no los menciona, de modo que la resolución de 2010 es la que da por cerrada su etapa.
De la actividad de la Fundación entre 2010 y 2023 no se conserva documentación pública conocida, ni consta ninguna inscripción posterior en el Registro de Fundaciones.
El 28 de abril de 2023, el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana publicó la apertura de un período de información previa en relación con el inicio del procedimiento de regularización registral o de extinción de la Fundación, con un plazo de diez días para presentar alegaciones (DOGV núm. 9585, de 28 de abril de 2023). El anuncio daba como último domicilio conocido de la entidad la calle J. J. Dómine, 12-10.ª.
Las gestiones para recuperar la actividad de la Fundación habían comenzado antes: la nota simple del piso de Duque de Calabria se pidió el 10 de febrero de 2020. El anuncio abrió una nueva fase del procedimiento: varios miembros del Grupo Esperanto de Valencia se dirigieron al Protectorado de Fundaciones y se ofrecieron como patronos, haciendo notar que los fines estatutarios de ambas entidades coincidían y comprometiéndose a cumplirlos. De ahí salió el patronato actual.
Tras un largo período sin actividad pública conocida, el patronato se renovó en junio de 2026, y con él la actividad de la fundación: quiénes lo forman hoy puede verse en Quiénes somos.
